Sortear los dilemas de la vejez

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Ancianos

Pensar en envejecer no es propio de la juventud, parece algo surrealista, inalcanzable, aun cuando a nuestro alrededor la vejez cae con peso en cada familia. La realidad cubana actual muestra una población envejecida, con hogares que padecen la inestabilidad de cuidadoras, casa de abuelos insuficientes ante la demanda en aumento o la inexistencia de lugares especializados para los casos de demencia, también con números en crecimiento.

Los datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) al cierre del 2017, son contundentes. Villa Clara está entre las provincias del país con un mayor número de personas que sobrepasan los 60 años de edad, con un total de 183 mil 779 para un 23,4 % de su población total, el por ciento más alto de todo el país en relación con su población total. Por su parte, la edad media de la provincia supera en 2 puntos la media en Cuba, siendo con 42, 1 años la del índice más elevado.

Diversas causas han conllevado a las estadísticas que hoy exhibe el país en cuestiones de envejecimiento poblacional. Empieza por la baja fecundidad, la movilidad de los jóvenes tanto a becas como opciones de trabajo a otros países, hasta la calidad de vida, y con ello un promedio de edad mucho más elevado.

Cuidar a nuestros padres y abuelos, no es un castigo, al contrario, pero la vida se encarece y los más jóvenes se convierten en sustento de la casa y deben garantizar las nuevas necesidades del adulto mayor, además de mantener la dinámica económica del país.

Pero, ¿qué hacer cuando el anciano no puede valerse por sí mismo y requiere del cuidado diario? Ahí empieza la disyuntiva, cumplir en el trabajo, mantenerse vinculado al sector estatal y, a la vez, ofrecer la atención necesaria a su ser querido. Una fuerza de trabajo activa que, ante una población que envejece, se vuelve más útil y necesaria.

Encontrar cuidadores tampoco resulta nada fácil, al menos que reúnan los requisitos. A pesar de encontrarse como figura del cuentapropismo con un régimen simplificado de tributación, no todos se acogen a esto y lo hacen por la “izquierda” sin conocer la familia a ciencia cierta, sus antecedentes y formas de trato a los mayores, en un oficio que requiere de paciencia y de ciertas características personales para ejercerlo. Las casas de abuelos no siempre tienen capacidad ni las mejores condiciones y todo se vuelve un círculo vicioso.

¿Estamos preparados para nuestra condición de país en creciente envejecimiento? Aun cuando aparecen medidas y políticas según los territorios con el programa de atención integral al adulto mayor, se muestran de manera incipiente y con un impacto aun superficial en la familia. Teniendo en cuenta que este fenómeno trasciende lo personal e incide desde lo económico hasta la salud de quien cuida con el síndrome del cuidador, enfermedad descrita por los especialistas.

De acuerdo a estimaciones de la División de Población de las Naciones Unidas, Barbados y Cuba serán los países más envejecidos de América Latina y el Caribe en la perspectiva inmediata (ONEI).

Y la proyección no solo puede ir a pensar al anciano encamado o incapacitado sino en encontrar las formas de diversificar las opciones culturales, de preparar arquitectónicamente los centros e instituciones, de animar espiritualmente la vida del adulto mayor, también desde lo recreativo, de planificar el aumento de consumo de medicamentos controlados y de pensionados.

La vejez no es cosa de futuro, es nuestra cotidianeidad e inmediatez, hacia ello debemos proyectarnos. Quienes han aportado su juventud y fuerza a la sociedad no pueden quedar desamparados ni tampoco pueden constituir una carga. Ayudar a envejecer con dignidad y sin las tristezas propias de la edad nos involucra a todos.